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El LOFT permanece en claro contraste con otras viviendas convencionales. En el interior, presenta una ausencia de paredes divisorias, un diseño predestinado y una jerarquía convencional entre el piso de arriba y el de abajo, si los hay. Externamente, su relación con la calle es también única: el LOFT renovado ofrece al público una cara ambigua y por tanto no es ni una fábrica ni exactamente un hogar. El LOFT es un espacio distinto que propone una fórmula de escape de las formas de vida convencionales.
Rompe con las normas, con la separación entre femenino y masculino, entre lo formal y lo informal, la recepción publica y el momento privado, etc. La vida hogareña por sí misma se ha visto siempre como algo antagónico al vanguardismo y la modernidad, defensores de las formas y de las actitudes de la vida urbana. Le Corbusier luchó contra el sentimiento de "culto a la casa" y apoyando firmemente la creación en su lugar de "una máquina para vivir en ella". Los ornamentos constituían un crimen para él y otros artistas. El habitante de un LOFT puede embarcarse en una heroica odisea en los altos mares de la conciencia, sin tiempo que perder en los detalles mundanos de la vida y quehaceres domésticos.
Las separaciones difuminadas entre el espacio social, el privado y el laboral siguen siendo una característica destacable de la cultura de los LOFTS y constituyen una parte esencial de su compleja naturaleza.
Con sus dinámicas vidas, los artistas de la época contribuyeron a consolidar la atractiva imagen que ofrecían los LOFTS, asociándola a valores como la originalidad, la osadía y la rebeldía. También llevar una vida social intensa, según Andy Warhol y el escultor y Robert Rauschenberg, formaba parte de esa cultura LOFT, como si el dinamismo propio de las calles donde se ubicaban se repitiese en aquellos amplios espacios.
Estos artistas de la década de los 50 se mostraban en contra del ideal de la casa con jardín establecido internacionalmente en la clase media y que, junto con el coche y la familia, se convirtieron en símbolo del éxito. Por ello, nada mejor que instalarse en un espacio industrial abandonado, quebrantando la ley, como forma de mostrar su repulsa ante el sistema social y político establecido.
La rebelión a nivel social se extendía al espacial. La eliminación de estancias tan comunes y arraigadas como el recibidor, el comedor y la sala de estar, la cocina y zona de servicios, seguidas de dormitorios con un baño o dos acentúan la ausencia de jerarquías motivado por un espacio diáfano.
Sin embargo, esta apertura conlleva su propia opresión, ya que nada puede ser mantenido en secreto o escondido por completo. Una de las ironías es intentar mantener la integridad de los espacios y dar privacidad a zonas como los baños. La apertura también tiene implicaciones negativas en las propiedades acústicas y térmicas de los LOFTS, y además, implica un orden exhaustivo del espacio. Por eso es tan importante el diseño interior. Éste debe preveer estas cosas y encontrarles solución.
Personas que viven en LOFTS, algunos con niños, reconocen sin darle mucha importancia, que lamentablemente hay pocas oportunidades para mantener la privacidad en la extensión de un LOFT: " significa que unos pueden tropezar frecuentemente con los otros".
Este dilema, acentúa la parte negativa de los principios básicos del diseño de Mies van der Rohe: "casi nada", "menos es más". El exceso de apertura es el reflejo de una extrema calidad interior y conlleva, a veces, a una teatral forma de vida. Esta, en presencia de tal vigilancia, se puede convertir en tensa y compulsiva, factor un tanto negativo de la vida en estos espacios.
Pero, aun teniendo estos problemas, que pueden solucionarse con una previsión, los LOFTS ofrecen el escenario ideal para el espectáculo de la vida diaria.
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